¿Qué es la espiritualidad?

Por qué la espiritualidad es importante

▹ ¿Espiritualidad? qué rollo

▸ Somos más que un cerebro con patas

▹ Yo quiero estar equilibrado psicológicamente, no busco rezar ni tener creencias o fe en un dios que no existe.

▸ Buscar estar equilibrado psicológicamente es un acto espiritual. La espiritualidad es el deseo de mejorarnos en todos los niveles, mental, emocional, física y álmica.

▹ ¿alma? suena a jerga religiosa

▸ La espiritualidad no es una religión, es más, es todo lo contrario a hacer caso a obedecer las órdenes de un “dios”. Tampoco es magia, reiki o cristales, ni mucho menos pasarse el día meditando, viendo “señales del universo” y permaneciendo en una burbuja de “solo buenas vibras”. La mayoría de las personas tienen un concepto muy erróneo de lo que realmente es la espiritualidad…

 

Definición

la espiritualidad es un estilo de vida donde nuestros actos se alinean con:

  1. el desarrollo personal

  2. seguir la guía interna

  3. la aportación de bien al entorno

Hay un balance entre dar-recibir, yo-otros, mundo interno-externo.

Se adopta al comprender que solamente al superar nuestras dificultades, vivencias duras o traumas, y contribuyendo al entorno con aprendizajes y herramientas adquiridas, es que uno logra avanzar, crecer y sanar.

¿Cómo es una persona espiritual?

Las personas que están abiertas a la espiritualidad suelen ser muy realistas, tienen los pies bien firmes en la tierra y la cabeza en el cielo. El resultado de ese balance cielo-tierra nos da personas con la mente despierta, curiosa, lógica. Lúcida, con sentido común y abierta a nuevas experiencias y perspectivas. También están dispuestas a domar su ego, porque saben que para validar su existencia no es necesario inferiorizar a los demás ni depender del reconocimiento de otros.

Entienden que el tiempo que pierden buscando ser validados afuera lo podrían estar invirtiendo en mejorarse a sí mismos para forjar vínculos sanos y duraderos, de provecho para todas las partes, y aprendiendo cosas nuevas que les haga crecer aún más.

La seguridad que ganan al obtener el valor propio en su justa medida les permite atreverse a mirar las partes que no les gusta de sí mismos para hacer las paces con ellas.

Les permite ganar herramientas para no hundirse en momentos de sufrimiento, ni permanecer en ese estado más tiempo del necesario.

Entienden que las vivencias y las experiencias son fuentes de conocimiento que les hace más sabios y más capaces a la hora de enfrentarse con nuevos retos. Por lo que activamente buscan nuevas experiencias que se salen de su área cómoda o zona de confort, ampliando horizontes de lo ya conocido, ganando más información, más perspectivas, expandiendo su consciencia y ganando nuevas herramientas.

No vivir en constante sufrimiento les permite poner el foco afuera, al entorno, a otras personas, y comparten sus recursos, conocimientos y servicios a quienes no los tienen para ayudarles a superar o avanzar en momentos difíciles.

Comprenden que sus actos influyen en el entorno, y si la influencia es positiva, por ejemplo desde el trato amable, la comprensión, y los pequeños actos de servicio, hasta donaciones y voluntariados, no importa el alcance, todo acto contribuye al enriquecimiento y el bien común que nos incluye a nosotros. Cuando los demás crecen, nosotros crecemos.

Comprenden que hay muchas cosas que no se pueden percibir por medio de los sentidos y muchas realidades que se escapan a su entendimiento. Sin embargo, saben que aunque no entiendan algo no significa que no pueda ser real, y albergan una comprensión del mecanismo perfecto de la naturaleza y el universo, que puede ir más allá de lo que nuestro cerebro es capaz de entender, porque hay información de la realidad que solo se puede adquirir sintiendo.

Y finalmente, saben que nadie más les puede guiar en un camino que solo ellos pueden recorrer, el camino de sus vidas. En momentos de duda buscan información de personas sabias, pero ni siguen los pasos de otros, ni hacen lo que otros dicen qué es lo que deben hacer, porque la respuesta final está dentro, sintiendo lo que transmite sus conciencias.

Por lo tanto, comprenden que lo que nos guía no es la razón pura sino el balance mente-corazón.

La espiritualidad es un estilo de vida que busca el bien, y el bien es el balance entre 2 polos opuestos, porque ese equilibrio es la mecánica fundamental del universo.

La espiritualidad es un estilo de vida que busca el bien, y el bien es el balance entre 2 polos opuestos, porque ese equilibrio es la mecánica fundamental del universo.

La espiritualidad es importante porque significa que estás satisfaciendo todas las necesidades y cuidando todas las dimensiones de lo que implica ser humano, desde lo físico (buena dieta, sueño regular, ejercicio), lo mental (autoconocimiento, pensamiento crítico, comunicación), lo emocional (permitirnos sentir, usar el corazón, conectar con los demás) y por supuesto lo espiritual (valores, integridad, tomas de conciencia, respeto, servicio).

Espiritualidad en la sociedad

Un estilo de vida espiritual lo puede tener cualquiera, independientemente de su nivel de consciencia. A cualquier edad, en cualquier lugar del mundo. Por ejemplo, las personas que viven en tribus del amazonas, a pesar de que no están desarrollados en otras áreas a nivel tecnológico, suelen tener una fuerte espiritualidad. que nace de su estrecha relación con la naturaleza, de observarla y comprenderla, y de pasar ese conocimiento a las nuevas generaciones.

En el caso de las sociedades más desarrolladas a nivel tecnológico, la pérdida de la relación con la naturaleza nos ha alejado de la espiritualidad. Paradójicamente, la imposición de dogmas religiosos también nos ha alejado de ella.

En la sociedades “desarrolladas”, la reconexión con la espiritualidad se suele dar cuando se toca fondo, cuando se está cansado de sufrir y nos damos cuenta de que no queda otra opción que hacer el esfuerzo de seguir adelante a pesar de las caídas, de haber vivido experiencias duras y aún así haber elegido no quedarnos en el sufrimiento, en el miedo, el la culpa o la rabia. De pedir ayuda, de buscar la paz, la plenitud, el amor y la abundancia. De que nuestros actos tienen un impacto en el entorno, y según lo que elegimos hacer, podemos avanzar o no.

Espiritualidad y religión

El desespero de querer dejar de sufrir y encontrar ayuda lleva a muchos a refugiarse en una religión, ya que ellas ofrecen todo lo que una persona desesperadamente necesita para sentirse en paz. En ellas encuentran algo muy importante para el humano: la compañía y la pertenencia. El sentirse que no están solos. También aportan guía, propósito y valores, que son recursos para las necesidades del ser humano que van más allá de lo físico (comida, techo, bienestar, etc), son necesidades emocionales y existenciales, o dicho de otra manera, espirituales.

Eso tiene mucho valor y es muy beneficioso porque ayuda a muchas personas a salir de baches duros y a volver a tener esperanza de que la vida puede ofrecer cosas buenas, a tener fuerzas de seguir viviendo y construyendo futuro. Algunas religiones acogen a personas que la sociedad considera como desecho, ofrecen compasión, recursos y perdón.

Sin embargo las religiones no son del todo espirituales, aunque traten algunos asuntos que forman parte de la espiritualidad, porque no guían a las personas al tema central de la espiritualidad que es el poder propio, y a cambio, dar el poder a un agente externo que decide valores y reglas de vida por ti. Un agente externo bastante cruel, por cierto, porque te condena al infierno si no obedeces a sus reglas.

La conciencia: la puerta de la espiritualidad

Todos nos hemos topado en algún momento de nuestras vidas con la espiritualidad, que hayamos decidido seguirla o no ya es otra cosa. Vivir, existir, significa enfrentarnos a preguntas existenciales, ¿quién soy? ¿qué quiero en la vida? por qué existe el mal? ¿para qué estoy aquí? Es la necesidad de cada uno, si solo se satisface con la respuesta superficial para poder seguir viviendo sin “preguntas molestas” o seguir indagando.

Hay que tener también en cuenta los distintos niveles de consciencia. No es lo mismo la consciencia de un pez, que la de un cuervo, que la de un elefante, que la de un humano. Los vehículos que habitamos permiten dar más o menos paso a la conciencia, en función de su complejidad cerebral, la relación entre la capacidad de sentir diferentes grados de emociones y ser capaces de identificarlas, procesarlas y tomar decisiones en base a ellas.

Los humanos somos los seres vivos en este planeta capaces de albergar más consciencia, pero incluso dentro de nuestra especie hay diferentes grados, independientemente de las razas. ¿Qué determina que una persona tenga más consciencia que otra? Aquí viene la respuesta: en la relación que tengamos con nuestra conciencia.

Antes de continuar, quiero subrayar la diferencia entre conciencia y consciencia (con S).

La conSciencia de la capacidad de cada ser vivo de percibir el entorno y darle una explicación.

La conciencia desde la espiritualidad, es un banco de información donde se almacena toda la información sobre ti, todos los recuerdos y vivencias que has vivido tú, como el alma que eres a lo largo de varias vidas (porque no es que tengamos un **alma, sino que SOMOS un alma).

Entiendo que lo que acaban de leer les vuele la cabeza a algunas personas, o quizás el rechazo que os produzca les remueva tanto por dentro que sentencien la información como una creencia sin pies ni cabeza a la que no vale la pena hacer caso. El tema de la reencarnación lo trataré en otro artículo para aquellos a los que les interese abrirse a nuevas perspectivas para no desviarnos del tema principal de este artículo. Continuemos.

Los distintos niveles de consciencia que tenga cada persona determinarán cómo vive su vida, por ejemplo, la conciencia se puede ignorar, permitiendo a la persona llevar a cabo una vida más permisiva, llegando a caer en actos inmorales y nada éticos. Hay quienes escuchan su conciencia pero no pueden entender otras perspectivas, realidades o modos de vivir la vida. Pongamos de ejemplo las vidas de las personas que se sacrifican, o viven en retiro solitario, o la vida de un nómada o de las mentes criminales. Y dirán, ¿quién en su sano juicio se puede poner en los zapatos de un criminal? pues los inspectores de policía, por ejemplo. los criminólogos. Entender a las mentes criminales es necesario para poder reducirla. Así que la conciencia se puede expandir a medida que nos vamos exponiendo a experiencias nuevas fuera de nuestra zona de confort, prestando atención, o en otras palabras, viviéndolas de manera consciente, y aprendiendo de ellas.

Hay vidas que no se plantean los asuntos de la conciencia, el “quién soy”, “por qué y para qué estoy aquí”, “qué debo hacer”, “qué es el bien y el mal? se alinean mis actos con el bien o el mal?”, estas preguntas existenciales suelen estar muy tapadas hoy en día con ruido mental, entretenimiento, diversión, comodidades y satisfacción de placeres. No digo que pasarlo bien esté mal, sino que cuando la vida solo se basa en trabajo y placer y descuidamos otros asuntos, hay un precio a pagar.

Se descuida la parte de la responsabilidad, la parte de ser adulto, la de mirar más allá de la rutina y pensar en el futuro, en las consecuencias de nuestros actos, en si nuestra vida es como lo que queríamos para nosotros, o si somos la persona que admiramos. Por ejemplo, imagina que vuelves a tener 13 años y te ves como eres actualmente, qué piensas de tu yo de adulto? estás orgullos@?

Se corre el riesgo de no estar satisfechos con nuestra vida o con quienes somos, y se incuban emociones negativas que cuanto más duran, más nos pueden amargar la existencia. También, el vivir distraídos sin escuchar nuestra propia voz de la conciencia, suele conllevar a perder nuestro propio poder porque lo cedemos a otros sin darnos cuenta. Por ejemplo,

cuando no sabes quien eres tenderás a identificarte con grupos y tus decisiones se basarán en lo que hace el grupo, o en satisfacer al grupo, este puede ser una familia, círculos de amistades, convenciones sociales, grupos religiosos/sectas, etc. También tenderás a actuar reaccionando a tus emociones, sin entender esas emociones, ni por qué surgen. Si esas emociones son tuyas, o estás captando emociones ajenas y cambiando tu forma de actuar conforme a eso.

cuando no tienes un para qué vivir se tenderá a la depresión, al vacío existencial, a llenarlo con cualquier cosa o distracción, placeres a corto plazo que hacen que aquello que ignoras se vuelva más insoportable.

cuando no reflexionas en el bien y el mal tenderás a vivir con un estilo de vida de autopreservación, porque al no tener moral, pensarás que los demás actuarán igual, sin cuidar si sus actos son malignos y puedan afectar a los demás. Porque tú también vives así, y lo ves normal. El estilo de vida de “todos para cada uno”, aquí gana el más fuerte o el más rápido, sin darse cuenta de que eso crea divisiones, falta de confianza, incapacidad de compromiso, alerta constante y miedos. No te darás cuenta que tus mismos actos faltos de ética, moral, respeto u honestidad son los que te traen en consecuencia los efectos, las repercusiones del acto maligno a tu vida, como un boomerang.

Cuando no te escuchas, inevitablemente escucharás las voces, reglas y creencias de otros y te basarás en eso para guiar tu vida. Ahí es cuando surge la discrepancia* entre el camino que era para ti y lo que acabaste eligiendo, y como eso te afecta a ti o a los demás, porque tus acciones las elige una voluntad externa, y si esa voluntad externa solo te quiere manipular y usarte para su bien propio, acabarás permitiendo el abuso, y si tiene como objetivo dañar a otros, acabarás tolerando lo intolerable y serás cómplice.

Cuando llega la hora de actuar de manera libre, no podremos y llegan los arrepentimientos.

Se cae en la comodidad. No sé en qué momento de la sociedad, de la cultura, todo empezó a girar en torno a hacer la vida “más fácil”, “más cómoda”. (preguntar a chatgpt que ponga ejemplos). No digo que sea enteramente malo, algunas de estas cosas al fin y al cabo ayudan a agilizar y automatizar tareas, permitiéndonos más tiempo a hacer otras cosas que antes no podíamos hacer, como pasar más tiempo con los seres queridos o leer. De hecho así es que las sociedades se han ido desarrollando, el sedentarismo dio lugar a la ganadería, ya no hizo falta cazar, permitió desarrollar las sociedades, aprender a leer, a inventar cosas nuevas, etc. Pero lo de hoy en día es excesivo, no se complementa los nuevos avances con la divulgación de la importancia de que las personas sigan pensando por sí mismas, sigan haciendo cosas de provecho, las sociedades no mandan mensajes tipo: ya has hecho tu caminata de 20 minutos? ¿ya has tomado tu tiempo para desconectar de las redes para tomarte un respiro y estar un tiempo contigo mismo?

Por qué las sociedades no hacen eso? en cambio lo que ve uno por todas partes es “apuesta y gana”, “nuevo aifon”, “nueva serie”, “nuevo video de youtube de la vida de alguien”, etc. La gente ya no estimula su creatividad, ni salen a dar un paseo al parque. Se está extremadamente distraída, se ahogan los pensamientos en alcohol, y lo más chocante: se usa la IA para pensar y tomar decisiones por uno.

¿así cómo vamos a escuchar nuestra voz interior? ¿la única que es capaz de decirte lo que realmente deseas desde el corazón?

La desconexión con uno mismo es abismal, y da miedo pensar en el futuro que nos espera si no tomamos consciencia de esto y empezamos a implementar hábitos en el día a día para retomar, primero, la conexión con uno mismo, y segundo, la conexión con los demás.

Por eso la espiritualidad es tan importante, hoy más que nunca.

 

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