Cómo encontrar propósito y sentido
¿Controlas la dirección de tu vida?
Muchas personas se preguntan cómo encontrar su propósito en la vida. Este artículo explora, desde la filosofía, la psicología y la experiencia personal, por qué el ser humano necesita un sentido para vivir y cómo encontrar una dirección personal.
El propósito y el vacío existencial.
¿Cuál es mi propósito de vida? ¿He llegado a tener una respuesta? ¿Me he planteado esa pregunta siquiera alguna vez en mi vida?
Normalmente lo que se suele hacer es pensar qué carrera tomar o cómo ganarse la vida. Pero el propósito es más que eso. Cuando no se tiene claro, la vida se siente como vacía y sin sentido.
El ser humano no aguanta una existencia sin tener algo que hacer. ¿No es curioso eso? Debemos tener siempre una especie de “misión” o tarea que completar, y cuando se completa, vuelve esa sensación de vacío existencial.
Viktor Frankl y el sentido de la vida.
En el libro titulado El hombre en busca de sentido, el psiquiatra Viktor Frankl explica que el significado de nuestra existencia no se encuentra en los placeres ni en el poder, sino en el sentido que le damos a la vida.
Cuando él vivió la experiencia de ser prisionero en los campos de concentración nazis en 1944, entre ellos Auschwitz, se dio cuenta de que las personas con más posibilidades de sobrevivir eran las que tenían un “para qué vivir”.
Identificó que lo más significativo para las personas eran el amor, un propósito y la actitud que cada uno elige tener frente a las circunstancias. Porque cuando las circunstancias y el sufrimiento son inevitables, la última libertad que nos queda es elegir cómo afrontarlos.
Las personas con propósito son más resilientes. Por el contrario, quienes no tenían nada por lo que vivir, o quienes adoptaban una actitud de derrota, acababan muriendo.
“Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo.”
Entonces, los que no están viviendo circunstancias extremas de tortura y privación de libertad, pero tampoco tienen un significado, un propósito, un “para qué”, ¿cómo están viviendo sus vidas?
En una prisión de comodidad y entretenimiento.
El aturdimiento mental y emocional es la plaga del siglo XXI.
Prisiones mentales.
Vivimos evadiendo la realidad de que algún día vamos a morir. Morir no es triste, lo triste es vivir perdiendo el tiempo.
Así que más vale hacer algo. Preferiblemente algo que te guste, que te llene y que aporte algo a alguien.
No hace falta que sea perfecto, porque vivir haciendo aquello que te llena te garantiza una conciencia tranquila cuando acaba el día, y cuando te levantas por las mañanas, hasta la hora de morir, sin arrepentimientos.
Muchos encuentran significado en su rutina, en sus trabajos, en una religión, y eso les hace sentir plenos.
Para otros, tener un trabajo, una rutina, o alguien a quien cuidar y amar no siempre es suficiente. Sigue habiendo una necesidad en el interior que permanece insatisfecha, y hasta que no se lleve a cabo, no nos sentiremos “completos”.
Es el propósito para el que vinimos a esta vida, y puede ser muy distinto para cada persona. Debemos indagar en nuestro interior para encontrar ese propósito por el que valga la pena vivir.
FOMO: fear of missing out.
Bajo la premisa de aprovechar la vida antes de que acabe, los hay quienes sienten la necesidad de experimentarlo todo, sin mesura y sin límites. Es entonces que surge el miedo a perderse experiencias, de sentir que la vida se nos escapa. Hoy en día este sentimiento está más presente que nunca con el “FOMO” (fear of missing out) a raíz de la aparición de las redes sociales y comparar nuestras vidas con las vidas de otros. Es una manera de vivir bastante ansiosa.
Yo sentía que tenía que disfrutar de la vida y sus placeres para sentir que la estoy aprovechando al máximo, que estaba aprendiendo muchas cosas, pero me di cuenta de que esto me generaba más ansiedad por experimentar más y más.
Me sentí afortunada de poder tener las condiciones que me permitían viajar, experimentar y ser libre para hacer lo que quería, pero tomar todas las opciones disponibles para mí solo porque podía no es libertad. Y tampoco me dio propósito.
Lo que me ayudó a eliminar esa ansiedad, ese FOMO o miedo a perderme experiencias, fue precisamente poner límites. Definir qué exactamente quiero hacer con mi tiempo y mi libertad en esta vida, e igualmente importante, a definir qué no quiero hacer.
Dos cosas me ayudaron a definir mi ruta:
pensar en mi objetivo, identificar dónde orientar mi atención, mi tiempo y mis recursos, y
entender que cualquier cosa que no fueran mi propósito, mis seres queridos o algo que dé significado a mi vida, es una pérdida de tiempo.
Decidí entonces orientar mi vida a caminar por ese sendero que me había forjado. Con cada paso que doy me siento en paz, porque estoy haciendo lo que me llena: aprender, compartir lo aprendido, ayudar a otros y aportar algo bueno al mundo. Eso es lo que considero que es mi propósito. Y si no lo es, al menos estoy caminando por el sendero que me llevará hacia él.
Eso da significado a mi vida, junto con mis seres queridos. Si dedico mi tiempo y mi energía en hacer aquello que a mí me llena, siento que puedo morir en paz.
Cómo encontrar tu propósito.
El propósito puede ser difícil de identificar, puede que no lo sepamos hasta bien avanzada nuestra vida, por eso, mientras tanto, lo importante es vivir haciendo aquello que para ti da significado a tu vida.
Lo que nos llena es distinto para cada persona. Conócete. Encuentra lo que enciende tu corazón.
¿Ser el pilar de tu familia?
¿Tu investigación sobre monolitos?
¿El paseo de todos los días con tu perro?
¿Un santuario de animales?
¿O simplemente vivir de manera consciente, como 22 en la película Soul?
Sea lo que sea, hazlo. Si lo sientes es porque es real, por lo que nadie puede decirte que es ridículo o imposible. No esperes a que sea demasiado tarde.
Referencias.
Frankl, V. (1946/2006). El hombre en busca de sentido. Barcelona: Herder.
Damon, W. (2008). The Path to Purpose: Helping Our Children Find Their Calling in Life. Free Press.
Przybylski, A. K., Murayama, K., DeHaan, C., & Gladwell, V. (2013).
Motivational, emotional, and behavioral correlates of fear of missing out.
Computers in Human Behavior, 29(4), 1841–1848.
Aristóteles (ca. 350 a. C.). Ética a Nicómaco.